Aunque la quema de un monigote
que simboliza el Año Viejo se da en varios países de la región, la
representación de las viudas (hombres que se visten de mujer durante el 31 de
diciembre para recolectar el dinero que se usará en la incineración del muñeco)
es única en el territorio nacional. El historiador Enrique Ayala Mora indica
que en el país esta práctica tiene características particulares. Por ejemplo,
únicamente aquí existe el velorio
del año que finaliza. Otra de las tradiciones, exclusivamente ecuatoriana, es
la elaboración del testamento. Además, en otros lugares el Año Viejo es
únicamente la figura de un anciano, mientras que en Ecuador el monigote es una
sátira y casi siempre una imitación de algún personaje político. El historiador
asegura que esta tradición existe desde el siglo XIV y ha evolucionado en la
forma de elaboración de los monigotes, pues los recursos tecnológicos que hoy
existen permiten que sus conceptos sean innovadores. La costumbre está
popularizada en todo el país. En la zona andina los monigotes son construidos
con ropa vieja y rellenos de papel periódico o aserrín y llevan una careta o
máscara con la cara del personaje escogido para quemar. En la región costera
los monigotes son más elaborados, construidos de cartón o goma y pintados con
las características del personaje que representan. La noche del 31 son
expuestos en las puertas del las casas con los famosos testamentos, los cuales
contienen las cosas que deja el año viejo al año venidero. A la medianoche se
inicia la quema. El objetivo es despedir el año acabando con todo lo malo que
pudo pasar durante ese periodo y abrigando la esperanza de que el nuevo año
llegue cargado de energías positivas. La antropóloga Tamara Larco sostiene que
la quema del Año Viejo es la forma de cerrar ciclos; es la manera que tiene el
ser humano para empezar de nuevo. Alberto Medina, estudiante universitario de
21 años, se viste de viuda desde hace cinco años. Lo hace con sus tíos y sus
primos. La tradición siempre ha estado en la familia, cuenta, y ahora que su
papá falleció es una muestra de recordarlo, pues su progenitor se vestía de
viuda desde que Alberto era pequeño, recuerda. Para su transformación usa los
accesorios que su familia le facilita. El sujetador de la hermana, la minifalda
de la tía, la blusa provocativa de la novia, los zapatos con tacón de una amiga
y el maquillaje (sombras, rubor, labial) forman parte de su indumentaria el 31
de diciembre. La socióloga Pamela Tobar explica que la tradición es una
representación de la cultura ecuatoriana. Es un imaginario social que habla de
la tristeza de la mujer que enviuda, pero como ya no tiene plata para
sobrevivir, porque se supone que quien le mantenía era su esposo, sale a la
calle a buscar como sea el dinero utilizando sus atributos. (I)
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